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Carlos V, por
Cédula Real de
julio de 1529,
otorgó a Cortés
el título de
marqués del
valle de Oaxaca
y el cargo de
capitán general
de la Nueva
España, con 23
mil vasallos y
11,550 km. de
territorio,
excluyendo la
villa española
de Antequera de
Guaxaca (fundada
en 1523). A esta
última se le
concedió el
título de ciudad
en 1532; su
trazo se debió a
Alonso García
Bravo. Desde sus
inicios funcionó
como sede
administrativa
para
funcionarios
reales y para
aquellos
comisionados por
el marqués. Fue
también la sede
desde donde
partió la
conquista
espiritual.
El dolor de los
indígenas ante
la conquista
militar y el mal
trato de los
encomenderos, se
vio suavemente
mitigado por la
llegada de
hombres
prudentes,
humanistas,
humildes y
afectuosos que
enfrentaron sin
miedo a los
encomenderos
para defender al
nativo; pero
que, a su vez,
asentaron el
golpe más fuerte
al destruirle su
antigua
religión. Tales
hombres fueron
los de la Orden
de los
Predicadores,
que un año
después de su
llegada a la
Nueva España en
1526 iniciaron
la
evangelización
de Huaxyacac.
Fray
Domingo de
Betanzos
(1480-1549) fue
el fundador de esa Orden en la
Nueva España. Se
entrevistó con
Cortés, quien lo
apoyó en sus
propósitos.
Acompañado por
los frailes
Gonzalo Lucero y
Bernardino de Minaya llegó a
Oaxaca en 1528,
desde donde los
tres iniciaron
su labor
apostólica.
Minaya fue a
Roma en 1527
para informar de
la situación de
los indígenas. A
él se debió que
el Papa, en la
Bula Sublimis
Deus de
1537, declarara
la racionalidad
de los indios y
su derecho a
gobernarse a sí
mismos, así como
a tener bienes.
La inhumana
servidumbre y la
fuerte carga de
trabajo impuesta
a los indígenas
por los
españoles,
motivaron
levantamientos a
los que tuvo que
responder
directamente la
Corona con leyes
justas y
prudentes
(aunque en
muchos casos
fueron pasadas
por alto). En el
ánimo de la
Corona influyó
decisivamente la
opinión de
religiosos como
fray Bartolomé
de las Casas,
quien escribía:
"...lo que deseo
hacer constar y
es cierto, es
que los indios
han nacido
libres, que lo
son por
naturaleza y que
la religión a
ninguno quita la
libertad ni mete
en
servidumbres".
Así se nombró
una segunda
Audiencia, al
frente de la
cual estuvo
Sebastián
Ramírez de
Fuenleal (obispo
en la Española),
quien al pasar a
Nueva España,
fue de inmediato
a Oaxaca donde
logró detener el
levantamiento
que se inició en
los valles
centrales (Ejutla,
Ocotlán y
Mihuatlán).
La labor
iniciada por los
dos primeros
misioneros quedó
truncada cuando
Lucero decidió
quedarse a vivir
en Tlaxiaco y
levantó ahí la
iglesia
parroquias, en
tanto Minaya,
por presiones de
los encomenderos
ante la
Audiencia, fue
deportado a
España. Muchos
religiosos más
llegaron durante
los siglos XVI y
XVII al
territorio que
llamaron
Provincia de San
Hipólito Mártir
(1592) y que se
extendía hasta
la región
mixteca. Ellos
construyeron
templos y
conventos en las
poblaciones más
importantes y
con mayor número
de habitantes.
Ante todo
aprendieron los
lenguajes
locales y
escribieron la
doctrina en
dichas lenguas y
vocabularios.
Cuenta el
cronista fray
Francisco de
Burgoa que para
conquistar el
corazón indígena
había que
demostrarles que
buscaban sus
almas, no bienes
temporales; por
lo que fray
Betanzos exigió
a sus religiosos
"...una pobreza
extrema en
comida, hábitos,
calzado, viajes,
celda, etc ...
tenían dos
tablas por cama,
por colchón una
estera, su
hábito por
almohada y se
cubrían con una
sola frazada...
no probaban
carne ni vino ni
alimento alguno
delicado. Con
frecuencia,
sobre todo
cuando estaban
entre los
indios, sólo
comían frijoles
y tortillas
hechas de maíz,
sin condimento
de ninguna
clase”.
Hasta el año de
1679 en que
Burgoa escribe
su Geográfica
Descriptiva,
había un total
de 51
construcciones
religiosas
solamente en
Oaxaca, y un
número no
contabilizado de
iglesias y
ermitas hechas
bajo su
dirección. Para
1540 se había
prohibido todo
lujo en la
construcción de
los conventos
para evitarle
gastos excesivos
a los indios y
fatigas.
Franciscanos,
agustinos,
dominicos y
mercedarios,
también se
establecieron en
Oaxaca, siendo
su labor en
menor escala si
se compara con
la labor
dominica. El
clero secular se
estableció desde
el siglo XVI;
éste luchó
arduamente por
quitarle al
clero regular
sus iglesias y
poco a poco lo
fue
consiguiendo.
Así fundaron 18
conventos en la
región
mixteca,
entre los que se
encuentran:
Yanhuitlán,
Teposcolula,
Coixtlahuaca,
Tamazulapan,
Tonalá, Chila,
Huajuapan,
Juxtlahuaca,
Jaltepec, etc.
En la región
zapoteca 23
conventos: Etla,
Cuilapan,
Zaachila, Santo
Domingo de
Oaxaca,
Tlalxiaco,
Tlacochahuaya,
Teitipac, Jalpa
del Marqués.
En la región
mixe, cuatro
casas:
Totontepec,
Quetzaltepec,
Juquila.
En la región
chontal
cuatro
parroquias:
Tequisistlán,
Quiangoloni,
Tlapacaltepec y
Quiechapa. En la
región huave la
parroquia de San
Francisco del
Mar.
Información del
Sitio: México
Desconocido
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